
Monarquía en movimiento
Fernando III de Castilla y León: Estudio
En la Edad Media, como hasta hace pocos siglos, los monarcas de los distintos reinos europeos se movían con sus cortes a lo largo y ancho del territorio para desplegar su autoridad y ejercer una variedad de funciones administrativas, fiscales, legislativas y judiciales. Dado que en esa constante itinerancia los reyes emitían documentos, es posible determinar sus rutas y analizar ciertos patrones espaciales que permiten una mejor comprensión de la naturaleza de la monarquía, su relación con el territorio y sus habitantes, así como las circunstancias políticas y culturales que explican esa itinerancia.
¿Qué motiva la itinerancia regia, cuáles son sus características y qué patrones pueden observarse en estos movimientos? ¿Qué lugares son frecuentados por la corte y qué explica la ausencia de presencia regia en otras latitudes? ¿Qué consideraciones estacionales, climáticas, prácticas o funcionales determinan la itinerancia de la monarquía? ¿Qué pueden señalar estos patrones de movimiento respecto a fenómenos medulares de la institución monárquica y la historia política? ¿A qué ritmo se traslada la corte y qué factores afectaban la velocidad de los viajes?
Todas estas son preguntas que han sido abordadas por historiadores con las metodologías propias de la investigación científica, aunque en realidad no se ha publicado tanto como la relevancia histórica que este asunto amerita. En este sentido, el proyecto Monarquía en Movimiento aporta al análisis del fenómeno una fundamentación georreferencial a partir de un procesamiento computacional que verifica o no la intuición del trabajo humano y tiene el potencial de abrir nuevas líneas y perspectivas de investigación.

Fernando III reinó sobre Castilla desde el 2 de julio 1217 y además el reino de León desde 1230 hasta su muerte el 30 de mayo de 1252, aunque el primer documento oficial de su reinado fue emitido en Burgos el 6 de septiembre de 1217 y el último en Sevilla el 18 de mayo de 1252. Ese es el marco temporal de los mapas que visualizan los movimientos del rey en este proyecto ya que corresponde a los traslados de un monarca en ejercicio y no a partir de su nacimiento en junio del año 1201 en Peleas de Arriba, cerca del Monasterio de Nuestra Señora de Valparaíso (Zamora).
La llegada al trono castellano y luego al leonés fue un asunto bastante azaroso para el infante Fernando y no estuvo exenta de grandes contubernios y disputas. Tras la muerte de Alfonso VIII de Castilla en 1214 le sucedió su hijo Enrique, un joven de solo 13 años que falleció accidentalmente tres años después concluyendo prematuramente un reinado regentado por su hermana mayor, Berenguela. A ella correspondían los derechos sucesorios, convirtiéndose en la segunda mujer después de la reina Urraca (1109-1126) en el ejercicio pleno de la monarquía por derecho propio en la historia de España, pero temiendo las pretensiones leonesas al trono de Castilla, decidió renunciar al trono y ser proclamada con su hijo, Fernando, el 14 de junio de 1217 en Autillo de Campos (Palencia). Berenguela abdicó en favor del primogénito que había engendrado con Alfonso IX, rey de León, un matrimonio que había sido anulado por el Papa Inocencio III en 1204 debido a la consanguinidad de los cónyuges.
La coronación y reconocimiento oficial de Fernando III como rey de Castilla tuvo lugar en Valladolid el 2 de julio de 1217. Era el improbable heredero de su abuelo, Alfonso VIII, al que le pesaba la ilegitimidad por la anulación del matrimonio de sus padres y que llegó al trono tras la inesperada muerte de sus tíos y la astucia y visión política de su madre.
Lo mismo sucedería con la sucesión al trono leonés tras la muerte de Alfonso IX en 1230. El Papa Honorio III había confirmado a Fernando III como heredero, pero como pretendientes al trono estaban sus hermanastras, las infantas Sancha y Dulce, hijas de Alfonso IX y Teresa de Portugal. Los nobles del reino se dividieron al respecto, pero Fernando y Berenguela actuaron con inteligencia y rapidez para ingresar a la ciudad de Toro y obtener el apoyo necesario de la nobleza de León. El 11 de diciembre de 1230 fue acordada la Concordia de Benavente, un tratado por el que las infantas renunciaban su reclamo al trono a favor de Fernando a cambio de una compensación.
Fernando fue coronado en la Catedral de León el 7 de noviembre de 1230. A partir de esta impredecible sucesión de acontecimientos, los reinos de Castilla y León volvieron a unirse bajo la autoridad de una sola persona regia, como había sucedido entre 1072 y 1157, pero esta vez de manera definitiva. El flamante monarca de dos ilustres reinos, desposado en 1219 con una mujer de estirpe imperial como Beatriz de Suabia, se disponía a encabezar un reinado como pocos en la historia de España.
Este es un periodo fundamental para comprender los orígenes de la Corona de Castilla y León, la construcción de un ideario monárquico para España y comprende el periodo más exitoso de la reconquista cristiana de la península con la anexión de los reinos almohades de Jaen, Córdoba y Sevilla. Ensalzado en su epitafio en la Catedral de Sevilla como el monarca que “conquistó toda España”, Fernando III es el único rey hispánico que ha sido canonizado y ningún otro después de los visigodos, “había reinado sobre un territorio tan amplio” (González Jiménez, 2003, p. 20), constituyendo “el mayor espacio político de la península ibérica, el primero de los Cinco Reinos” (Estepa, 2021, p. 391).
Conviene aquí ponderar la trascendencia para la historia de España de los hechos descritos: el joven infante que tenía todo en su contra para convertirse en heredero al trono de su padre, termino siendo rey de los reinos de padre y madre y el conquistador más exitoso entre todos los monarcas hispánicos durante los ocho siglos de reconquista, el “Atleta de Cristo”, como le llamó el Papa Gregorio IX.
El Rey Fernando se trasladó con su corte a lugares tan diversos y remotos para desplegar la presencia regia en los nuevos territorios anexados, ampliando como nunca antes la itinerancia monárquica desde Castilla hacia León a partir de 1230 y a Andalucía desde 1236. Sus dominios se extendieron desde las costas del Mar Cantábrico por el norte hasta el Guadalquivir por el sur y desde los confines de Galicia y la frontera portuguesa desde el poniente hasta las puertas de Aragon y Navarra por el oriente, o como señala la Primera Crónica General desde el mar de Santander hasta el mar de Cádiz.

Aunque esta breve introducción al proyecto no pretenda ofrecer conclusiones definitivas respecto a los patrones de movimiento de Fernando III, las visualizaciones interactivas permiten esbozar correspondencias entre los principales hitos del reinado con la itinerancia de la corte. En este sentido, se evidencia la presencia regia en Castilla entre 1217 y 1230, luego en León, Galicia y Asturias entre 1231 y 1233 y en Andalucía desde 1235, Córdova y Jaén entre 1244 y 1247 y finalmente en Sevilla donde el monarca estuvo buena parte de los últimos años de su reinado hasta su muerte en 1252.
Casi 200 diplomas fueron expedidos por la cancillería regia cuando el rey se encontraba recorriendo todos los rincones del Reino de León tras la muerte de su padre en septiembre de 1230. No hay otro periodo en el reinado de Fernando III que exhiba tal densidad geográfica en la emisión documental lo que nos permite seguir los pasos del monarca y su corte día a día. Por el contrario, resulta mucho más difícil trazar las rutas y localizar al rey cuando se encuentra en una de las tantas campañas militares que emprendió, precisamente porque no hay documentación y solo podemos acudir al testimonio menos preciso de las crónicas que datan solo algunos acontecimientos según las festividades religiosas.
Según el estudio de José Manuel Nieto Soria, “el reinado de Fernando III comportó una extraordinaria movilidad de la corte real” y la presencia del monarca en todas las regiones que comprendían sus dominios suponen “una cierta función integradora de espacios diversos” y “una fuerte y estrecha dependencia entre acción de gobierno y personalismo regio, al observarse una relación directa entre itinerancia regia y conflictividad en curso.” (2003, pp. 44-45).
“La mejor forma […] de pacificar el reino y normalizar la situación era efectuar un recorrido por el mismo para darse a conocer por sus nuevos súbditos y recibir de ellos el debido homenaje de fidelidad”, explica Manuel González Jiménez respecto al periplo realizado por Fernando III a León en 1230 (op. cit. 127). La itinerancia regia fue uno de los más efectivos mecanismos de cohesión política del espacio, así como un emprendimiento que procuraba el reconocimiento y la adhesión a la autoridad regia. El reclamo a los tronos de Castilla en 1217 y León en 1230 por parte de Fernando III y los raudos e intensos viajes que hiciera el rey a esos reinos permite relacionar el movimiento de la monarquía con los principales fenómenos políticos del reinado que se pueden visualizar con el mapa dinámico de este proyecto.
En lo que concierne a la presencia regia en ciudades, Burgos es la urbe en la que se testificaron más documentos con un total de 156 diplomas, es decir, más del 18% del total (848) seguida por Valladolid, Sevilla y Toledo. Esta distribución da cuenta de fenómenos conocidos por la historiografía como es la condición de Burgos como cabeza histórica del reino castellano, el gradual traslado del centro político a Valladolid entre los siglos XIII y XIV, la preponderancia de Sevilla como la más preciada conquista del rey, así como la primacía eclesiástica y prestancia visigótica de Toledo. La ciudad rodeada por el Tajo contó con la presencia del rey Fernando con mayor frecuencia que la consignada en los diplomas, ya que era el punto de partida y regreso de casi todas las campañas militares que llevó a cabo el monarca hacia Andalucía, periodo en el que se pausaba la emisión documental.
Carlos Estepa ha estudiado la distribución geográfica de la emisión documental de Alfonso VIII y Fernando III y los beneficiarios de la regia munificencia para señalar que casi el 40% del diplomatario entre 1217 y 1252 fue emitido y testificado en Castilla, mientras que casi el 57% de los destinatarios se ubicaron el norte del Duero (Estepa, 2021, pp. 72, 76). Agregar un par de líneas aquí mostrando los números según nuestro Excel.

Estos son datos significativos que demuestran la centralidad política de Castilla a pesar de la amplificación territorial que se produjo con la unión del reino con León y la reconquista fernandina entre el Guadiana y el Guadalquivir. Los mapas dinámicos de este proyecto permiten visualizar una cartografía digital interactiva que aborda muchos otros aspectos y dimensiones de la itinerancia de la corte y el despliegue territorial de la autoridad monárquica, así también como datos que permiten cuantificar el desplazamiento humano en la Edad Media. Las posibilidades investigativas que se abren para la historiografía con estas estadísticas computacionales son tan insospechadas como inéditas.
Una tropa en esta época podría cubrir un estimado de 25 kilómetros de marcha según un trabajo sobre la campaña que lideró Fernando III para conquistar Quesada en 1224 (Eslava, 1987, p. 10), pero esta distancia es más bien un máximo que resulta insostenible en días consecutivos. En un emprendimiento bélico del siglo XIII, la logística, las provisiones, el cansancio, el clima y una variedad de circunstancias habrían determinado el ritmo de las huestes que normalmente no habría superado los 20 kilómetros diarios.
La fiesta de San Juan Bautista (24 de junio) era una fecha en torno a la cual se emprendían las campañas militares. Era la temporada estival que tradicionalmente inauguraba la actividad bélica en la Edad Media, “en que suelen los reyes salir al combate”, como señala la Crónica Latina de los Reyes de Castilla (de Osma, p. 77) porque el invierno presentaba muchas dificultades. Cuando en enero de 1236 unos emisarios intentaron convencer a Fernando III de dirigirse a Córdoba para conquistarla, el monarca se resistió inicialmente, “alegando la aspereza del invierno […], los peligros de los caminos, las inundaciones de los ríos”, señala el propio de Osma en su crónica (op. cit., p. 98).
Alfonso IX de León murió el 24 de septiembre de 1230 y cuando su hijo, el rey castellano, se enteró de la noticia en el Castillo de Guadalerzas o en Orgaz a pocos kilómetros de llegar a Toledo, se organizó un viaje a León junto a su madre, Berenguela, para reclamar el trono. Era tal la urgencia de Fernando III para ser reconocido como legitimo heredero por la nobleza y las ciudades del Reino de León que saliendo desde Jaén el 29 de septiembre y arribando a Toro el 18 de octubre recorrió más de 550 kilómetros según el itinerario que detallada la Crónica Latina de los Reyes de Castilla. Asimismo, más de 600 kilómetros en aproximadamente 21 días transitó el rey desde Benavente a Córdoba durante el lluvioso invierno de 1236 para asediar la urbe del Guadalquivir. Es decir, ambos viajes indican un promedio de casi 29 kilómetros diarios, un ritmo portentoso si consideramos las detenciones y vicisitudes del camino.
Sin embargo, tras la conquista de Córdoba y hasta el sitio de Jaén en 1245, el rey registra un patrón de movimiento mucho más pausado, quedándose largas temporadas en Castilla (especialmente en Toledo, Burgos y Valladolid), aquejado por enfermedad y el desgaste de las álgidas campañas militares que había sostenido con tanta frecuencia entre 1224 y 1236. Su hijo, el infante Alfonso, y los nobles castellanos y leoneses tomarían la iniciativa en la década de 1240.
Fernando III fue uno de los monarcas que más viajó entre los reyes de la España medieval y tal vez habría vivido muchos más años, pero tal itinerancia le desgastó físicamente y afectó mucho su salud. Como señala uno de sus biógrafos, el rey se implicó “personalmente en la mayor parte de las operaciones; estando presente en largos, duros y azarosos asedios […]; sufriendo en ellos el frio y calor; dejándose en los campamentos y en largas cabalgadas jirones de su salud” (González Jiménez, 2006, p. 276). Tras dieciséis meses de asedio y soportando un calor infernal según la Primera Crónica General, el rey ocupó sus últimas fuerzas para conquistar Sevilla en 1248 donde permaneció casi sin moverse hasta su muerte cuatro años más tarde.
Todos estos acontecimientos, que marcaron la pauta de su reinado, ofrecen un fascinante panorama para el estudio de los patrones de movimiento de la monarquía y el análisis de la itinerancia regia empleando las herramientas de las Humanidades Digitales.

Un equipo multidisciplinar del Laboratorio de Humanidades de la Universidad San Sebastián, compuesto por José Manuel Cerda (historiador medievalista) y Sebastián Caro (humanista digital), ha desarrollado un proyecto inédito de investigación que utiliza la programación computacional con herramientas y metodología de Humanidades Digitales para analizar la itinerancia de reyes medievales, generando una visualizaciones interactivas y abierta de mapas con sus movimientos por el reino y que ofrece búsquedas por mes, año y locación.
La labor del profesor Cerda ha sido formular las bases del proyecto, los parámetros de análisis de las fuentes históricas y la recopilación de locaciones a partir de las diversas fuentes textuales, mientras que el profesor Caro ha realizado la creación y organización de las bases de datos, así como la programación orientada al análisis computacional de los datos y su visualización. El profesor Félix Martínez Llorente (Universidad de Valladolid) ha prestado un ayuda invaluable en la identificación de ciertos topónimos que aparecen registrados en las fuentes y cuya localización presentaba diversos desafíos, ya sea porque se trata de despoblados, o bien porque su nombre o lugar ha mutado en el tiempo.
Para la creación de la base de datos sobre la localización del rey Fernando III, se ha utilizado un enfoque sistemático y exhaustivo. La fuente principal fue el conjunto de diplomas regios recopilados por Julio González, que incluye un total de 848 documentos (852 según Manuel González Jiménez (2006, p. 24)), emitidos entre 1217 y 1252. Este conjunto diplomático permitió ubicar al monarca a lo largo de su reinado en los territorios bajo su dominio.
A lo largo del proceso, se han revisado también una variedad de fuentes narrativas medievales y la historiografía que aportan nuevos registros para el itinerario regio. Entre estas se encuentran la Crónica Latina de los Reyes de Castilla de Juan de Osma (canciller de Fernando III), así como los Anales Toledanos, la Historia de los Hechos de España de Rodrigo Jiménez de Rada, La Crónica General de España, el Chronicon Mundi (Crónica de España) de Lucas de Tuy y la Crónica de Veinte Reyes. Estas obras fueron redactadas durante el reinado de Fernando III y el de su padre, Alfonso X, y permiten corroborar las locaciones entregadas por el diplomatario y añadir nuevos registros para la base de datos. Poner cantidad de nuevos registros para la base de datos, algunos mas certeros y precisos que otros.
Estas fuentes permiten localizar al rey en sus campañas militares, como es el caso del ataque a varias fortalezas de rebeldes castellanos en 1217, la toma de castillos al noreste de Úbeda en el verano de 1235, la conquista de Córdoba en 1236 y del sitio de Sevilla entre 1247 y 1248 en el que podemos precisar la ubicación del monarca y sus tropas día a día. Con mucha diferencia, la prosa que más datos de georreferencia proporciona al itinerario de Fernando III es la crónica de Juan de Osma lo que no es sorprendente dado que encabezaba la cancillería regia y acompañaría al rey en muchos de sus periplos (M. González Jiménez, 2006, 14-15).
Asimismo, se incorporó al itinerario la presencia regia en bodas, ceremonias y asambleas a partir de la información que entregan las crónicas y que no siempre se encuentran en el diplomatario.

Una vez establecidas las fuentes de información sobre los sitios desde los cuales la cancillería de Fernando III expidió diplomas, la información fue tabulada en una hoja de cálculo. Cada lugar fue debidamente geolocalizado de acuerdo con su latitud, longitud y altitud, denominado con su nombre original en los textos, generalmente en latín, y estableciendo su nivel de autenticidad. Durante el reinado de Fernando III se constata una transición del latín hacia el castellano en el uso cancilleresco lo que ha supuesto ciertos desafíos en la identificación toponímica. Algunos de los muchos casos son Castrum Soris - Castrum Soriz - Castrosoriz - Castrum Xoriz - Castrum Xesit (Castrojeriz); Naiara - Naiera - Naigara - Naggera - Nazara - Naxara - Najera (Nájera); Vallis Oliuetion - Vallisoletum - Vallesoletum - Valleolitin - Valadolid - Valladolit - Valladolid.
También ha sido necesario cotejar, corroborar y - en algunos casos corregir - la locación de los diplomas transcritos en la colección documental de Julio González. Un botón de muestra es una confirmación que en agosto de 1218 hace Fernando III apud Medinam (Medina de Rioseco), cuando la transcripción correcta es apud Carrionem> (Carrión de los Condes) y pocos días después, el rey protege un hospital en Santo Domingo de Silos facta apud Medinam, cuando en la regesta de González lo localiza incorrectamente en Montealegre. También es incorrecta la datación en el texto.
Para ubicar correctamente la presencia del rey nos hemos utilizado transcripciones de la documentación en otras colecciones, así como la factibilidad correlativa entre fechas y distancias recorridas. También han asistido este proceso obras como Atlas Histórico de la España Medieval y diccionarios geográficos históricos de España, como el Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España de Madoz y el Diccionario Geográfico-Histórico de España de la Real Academia de la Historia. En esta etapa del proyecto, se han presentado también dificultades para identificar lugares cuya denominación en las fuentes presenta inconsistencia o alteración, o bien cuando se trata de despoblados.
La ausencia de documentación y seguimiento del monarca y su corte por parte de las crónicas también comporta un desafío para este proyecto. Hay algunos años que cuentan varios meses sin información alguna respecto a la ubicación del rey y por lo tanto los mapas e itinerarios no son conclusivos sobre los recorridos o patrones de movimiento. En algunos casos, la falta de actividad de la cancillería supone extensas campañas militares que es posible trazar con la ayuda de las crónicas. Pero los datos que ofrece la narrativa - aun cuando se trata de relatores que habituaban la corte y acompañaban al monarca en sus viajes – es generalmente ambigua e imprecisa.
Cuando la información cronística no precisa fechas exactas - como es en la gran mayoría de los casos - hemos determinado la presencia regia en un día estimado según el curso del itinerario que establecen los diplomas. En tales casos, esta datación se registra entre paréntesis en la base de datos y las visualizaciones para advertir al usuario que se trata de una datación estimada. Asimismo, cuando en las crónicas o en el diplomatario se señala un lugar que ha no sido posible localizar, su registro en la base de datos aparece en cursiva. En la columna de notas de la base de datos se incorpora información relativa a estas fechas y lugares.

La fase de despliegue computacional del proyecto corresponde a una aplicación desarrollada en la plataforma R utilizando el paquete Shiny, que permite generar visualizaciones de datos geoespaciales de forma interactiva. La aplicación carga la información desde la base de datos establecida en la fase previa, realiza procesos de corroboración de la corrección de los tipos de datos, y ajusta formatos en relación con la estructura de coordenadas geográficas y fechas. La interfaz de usuario incluye filtros para el año y el lugar, lo que permite refinar los datos en pantalla. Los datos filtrados se presentan en una tabla interactiva creada con el paquete Reactable, que ofrece funcionalidades como búsqueda, paginación y selección de filas. Paralelamente, se muestra un mapa interactivo utilizando Leaflet, donde las ubicaciones se marcan y, al seleccionar un marcador, se muestra información detallada y una imagen si está disponible. Además, es posible activar un mapa de calor para visualizar la densidad de las visitas del rey. Añadir descripción de otras visualizaciones
La lógica del servidor garantiza que tanto la tabla como el mapa se actualicen dinámicamente en respuesta a los filtros y a la interacción del usuario. Al seleccionar una fila en la tabla, el mapa se centra en la ubicación correspondiente, mejorando la interactividad entre ambos componentes. La aplicación utiliza la programación reactiva de Shiny para responder en tiempo real a las entradas del usuario, ofreciendo una experiencia fluida y eficiente en la exploración de los datos. En conjunto, esta aplicación es una potente herramienta para el análisis y visualización de datos geoespaciales, integrando manipulación de datos, visualización interactiva y una interfaz amigable en un solo entorno.
Aquí agregar uno o dos párrafos con todo el trabajo adicional que se han hecho de programación y paquetes para generar nuevas visualizaciones y posibilidades de análisis de data. Aquí poner en un párrafo posibilidades y estadísticas preliminares para mostrar lo que se puede hacer con el mapa.

Aquí agregar uno o dos párrafos con todo el trabajo adicional que se han hecho de programación y paquetes para generar nuevas visualizaciones y posibilidades de análisis de data. Aquí poner en un párrafo posibilidades y estadísticas preliminares para mostrar lo que se puede hacer con el mapa.

El presente proyecto de Humanidades Digitales para la itinerancia regia es una puerta a un mundo de posibilidades analíticas respecto a los patrones de movimiento de Fernando III y su corte a lo largo y ancho de sus dominios. La interacción con los mapas entrega datos de forma inmediata sobre la cantidad aproximada de kilómetros totales recorridos por el rey en un día, mes, año y reinado completo, así como promedio de traslados diarios. También genera gráficos de la elevación del terreno recorrido lo que incide en la velocidad y ritmo de los traslados. Pero más relevante que esos datos, el mapa digital ofrece visualizaciones que permiten comprender cómo la presencia del monarca desplegó la autoridad regia a lo largo y ancho del territorio.
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