En SeminarioLAB, el director del Instituto de Éticas Aplicadas UC abordó el negacionismo, las faltas a la integridad científica y los riesgos de la inteligencia artificial, destacando el aporte de la filosofía y la ética para resguardar la confianza en el conocimiento.
¿Cómo aprovechar la inteligencia artificial sin debilitar el pensamiento crítico ni la responsabilidad de quienes investigan? La relación entre humanidades y ciencia marcó la participación de Juan Larraín en “SeminarioLAB. Presente y futuro de las Humanidades”, realizado el miércoles 30 de septiembre de 2026 en el Laboratorio de Humanidades de la Universidad San Sebastián (USS), en el Campus Ciudad Universitaria, Huechuraba.
El director del Instituto de Éticas Aplicadas de la Pontificia Universidad Católica de Chile y académico de su Facultad de Ciencias Biológicas presentó la ponencia “La ciencia bajo amenaza: ¿las humanidades al rescate?”. Su exposición examinó tres desafíos que afectan la producción de conocimiento y su credibilidad: el negacionismo científico, las faltas a la integridad en la investigación y los riesgos asociados al uso de la IA.
“Un componente esencial de la vida en democracia es la ciencia”, señaló. Desde esa perspectiva, advirtió que desconocer la evidencia o debilitar los mecanismos que permiten evaluarla perjudica la capacidad de las sociedades para deliberar de manera informada.
Humanidades y ciencia frente al negacionismo
La primera amenaza que identificó Larraín fue el negacionismo científico, vinculado a una crisis de los criterios compartidos para distinguir entre conocimientos, opiniones y afirmaciones sin respaldo. En contextos de polarización, las convicciones políticas o identitarias pueden imponerse sobre los hechos.
Ante este escenario, destacó la importancia de comprender el lugar de los valores en la ciencia. Estos influyen en las decisiones sobre qué investigar, qué proyectos financiar y cómo utilizar sus resultados. Sin embargo, no deben sustituir la evidencia ni distorsionar las conclusiones. Reconocer esa diferencia permite discutir las decisiones públicas y sus implicancias éticas sin negar el conocimiento que las sustenta.
Integridad científica: el valor de la crítica y la revisión por pares
La segunda amenaza surge dentro de las propias comunidades científicas. Los fraudes, las faltas a la integridad y la presión por publicar pueden deteriorar tanto la calidad de la investigación como la confianza pública en sus resultados.
Para enfrentarlos, Larraín propuso fortalecer comunidades diversas, capaces de cuestionar sus enfoques y contrastar argumentos. Como explicó, “fruto de esa interrogación mutua […] se perfecciona el conocimiento”. En este proceso, la revisión por pares permite identificar errores y poner a prueba los fundamentos de una investigación. No obstante, la presión por publicar y el creciente volumen de artículos pueden debilitar ese examen.
El académico cuestionó “la obsesión por publicar por publicar por razones curriculares más que por someter nuestro trabajo a la revisión crítica por pares”. Por ello, destacó la necesidad de formar investigadores en virtudes intelectuales y fortalecer instituciones que promuevan la honestidad, la responsabilidad y la disposición a recibir críticas.
Inteligencia artificial y responsabilidad en la investigación
La tercera amenaza se relaciona con los riesgos de la inteligencia artificial en la producción de conocimiento. Larraín reconoció su potencial para acelerar la investigación, procesar grandes volúmenes de información y contribuir a nuevos descubrimientos. Al mismo tiempo, distinguió entre una herramienta que ayuda a investigar y un sujeto capaz de comprender y justificar lo que afirma.
“La IA puede ser epistémicamente poderosa, pero sin ser necesariamente un sujeto epistémico”, sostuvo. La capacidad de producir respuestas plausibles o identificar patrones no garantiza que sea posible explicar cómo se llegó a un resultado ni evaluar sus fundamentos. En esa línea, advirtió sobre los sesgos, los errores y la opacidad de estas herramientas. “El corazón de la ciencia es poder explicar lo que yo he encontrado”, señaló, subrayando la necesidad de conservar la capacidad humana de examinar y fundamentar los hallazgos.
También abordó la tendencia de la IA a complacer al usuario, que puede debilitar el contraste de argumentos. A ello se suma el riesgo de que el uso de herramientas similares para formular hipótesis e interpretar resultados homogeneice los enfoques y limite la innovación.
Asimismo, la generación de publicaciones a gran velocidad puede superar la capacidad de las comunidades científicas para revisarlas y facilitar la circulación de errores. El desafío, por tanto, es aprovechar estas tecnologías manteniendo el juicio crítico, la autonomía y la responsabilidad de los investigadores.
Una reflexión que reúne distintas iniciativas USS
La relación entre humanidades y ciencia ha estado presente en distintos espacios de la Universidad. En una sesión anterior de SeminarioLAB, Andrés Santa María, académico de la Universidad Técnica Federico Santa María, abordó los encuentros y desencuentros entre la filosofía y la innovación tecnológica. Su exposición destacó que las tecnologías incorporan valores y orientan conductas, por lo que las humanidades deben participar desde las primeras etapas de su diseño.
Por su parte, la segunda sesión de “Encuentros Doctorados USS” examinó los límites de la IA en el trabajo académico. En ella, José Antonio Errázuriz, académico del Instituto de Filosofía y del Doctorado en Filosofía USS, reflexionó sobre cuánto pensamiento puede delegarse sin debilitar las habilidades que los investigadores deben desarrollar durante su formación.
Esta preocupación también se expresa en la participación de la USS en AWS Entrena Chile. Durante su lanzamiento, el rector Carlos Williamson destacó la responsabilidad de las universidades de anticiparse a los cambios y preparar a las nuevas generaciones para un escenario de creciente presencia de la inteligencia artificial.
El lugar de las humanidades en la universidad del futuro
Para José Manuel Cerda, fundador y director del Laboratorio de Humanidades USS, instancias como SeminarioLAB “permiten a la comunidad académica reflexionar sobre el futuro de la universidad más allá de las contingencias que nos plantea la irrupción de la IA y pensar en conjunto qué lugar tendrán las humanidades en la educación superior del siglo XXI”.
El historiador advierte que esta reflexión debe considerar también la interdisciplina, la educación de los sentidos y otras dimensiones de la revolución tecnológica. Son desafíos que atraviesan la formación profesional, la investigación y su efecto transformador en la sociedad. En ese sentido, sostiene que estos desafíos “no pueden abordarse solo desde una reflexión filosófica, sino también desde el arte, la literatura y la historia”.
A través de estos encuentros, el Laboratorio de Humanidades USS promueve el diálogo entre disciplinas para comprender las transformaciones del presente y orientar la innovación hacia el bienestar de las personas. La próxima sesión de “SeminarioLAB. Presente y futuro de las Humanidades” contará con Pablo Ortúzar, investigador del Instituto de Estudios de la Sociedad (IES). El encuentro dará continuidad a este ciclo presencial y gratuito, desarrollado en el Laboratorio de Humanidades del Campus Ciudad Universitaria USS, en Huechuraba.






